Crisis económica, oportunidad social
Jun 30th, 2009 | Por Luis Francisco Indriago | Categoría: Criterios, GeneralHoy más que nunca, en medio de lo que se considera la peor crisis económica mundial desde la Gran Depresión hace ochenta años, las nociones de globalidad y localidad se hacen más notables.
La primera porque como si se tratara se un contagio viral ha diseminado la afección de un país a otro. Lo segundo porque cada nación comienza a ver efectos diferenciados dentro de la globalidad. Es el caso de América Latina, y en particular de Venezuela.
Si bien la crisis se originó en la economía financiera, hecha de intangibles, valores futuros, índices y papeles, la economía –digamos- social, es la que al final está sintiendo los rigores de la crisis.
La sensación de desconfianza se traduce en desinversión, falta de crédito, baja productividad, menos comercio, pérdida de empleos y de valor en los balances contables y personales. En síntesis, pobreza.
Efectos en la polis
No queda ya quien piense que América Latina será inmune a la crisis. Los países centroamericanos –México inclusive- con mayor interdependencia con el Norte, son los primeros en mostrar el salpullido del desempleo, el raquitismo de las remesas de dinero y la pérdida de valor del peso mexicano. En otro lado están países que han construido lazos comerciales con Asia, como Chile y Perú. Brasil, es a la vez más diverso en sus fortalezas y menos vulnerable.
En el grupo más expuesto están los que comparten la característica de ser altamente dependientes de un producto, el petróleo y el gas, como Venezuela, Ecuador y Bolivia; o de varios productos, pero commodities todos, como la soya o el trigo. Es el caso de Argentina.
Estos países comparten debilidades, en mayor o menor grado, en sus instituciones gubernamentales, parlamentarias, judiciales. Más aún, comparten rasgos teñidos según sus colores locales: nacionalismo, populismo, indigenismo, bolivarianismo, o todos a la vez.
En este sentido, Daniel Zovatto, Director Regional para Latinoamérica del Institute for Democracy and Electoral Assistance (IDEA) y miembro del Consejo Asesor de Latinobarómetro, reflexionaba recientemente en una entrevista de televisión en México sobre la necesidad de analizar esta crisis en el contexto de las repercusiones que para la política y la democracia.
Citando cifras del Banco Mundial, Zovatto cuantifica en 6 millones la cantidad de personas que ingresarán a la categoría de pobres en nuestro subcontinente este año. “De esos 6 millones, 4 serían personas que están en este momento en clase media y que estarían cayendo por debajo de la línea de pobreza, y 2 millones de pobres que pudieron haber salido de la pobreza pero que debido a la disminución de la tasa de crecimiento económico no lo van a hacer”.
Agrega que esta crisis pudiera generar entre 1,8 y 2,3 millones de nuevos desempleados que se sumarían a los 16 millones que ya existen, llevando la tasa de desocupación por encima de 8-8,5% promedio regional.
Sin embargo, a pesar del deterioro de los indicadores socioeconómicos, Zovatto no cree que la democracia esté en peligro en América Latina, aunque vaticina que en Argentina, Ecuador, Venezuela, Nicaragua y eventualmente en Guatemala, el grado de complejidad social pueda generar crisis de gobernabilidad.
Así, más allá de cifras macroeconómicas, el bottom line de la crisis económica es social y político.
La paradoja de la felicidad
Al promediar el primer trimestre de este año el Banco Mundial dio a conocer la reestimación de la perspectiva económica para 2009: Se espera que el PIB mundial se contraiga 1,7% en 2009; los países la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) registran una contracción de 3%. En las economías en desarrollo el PIB crecería a un ritmo del 2,1% (un descenso respecto de las proyecciones anteriores de crecimiento, del 4,4%): tras crecer a un ritmo del 5,8% en 2008.
Con una visión más cercana a nuestra propia realidad continental, el Banco Interamericano de Desarrollo, en su Reunión Anual, a propósito del 50 aniversario, describió la región de manera más optimista, pero remarcando el tomo modesto y humilde de su pronóstico.
“Esta vez estamos mejor preparados”, dijo en Medellín su presidente, Luis Alberto Moreno. “El Caribe y Latinoamérica han sabido capitalizar lo que hasta el año 2007 fue un entorno internacional favorable. Las reservas internacionales crecieron, la deuda pública disminuyó, se lograron éxitos notables en la erradicación de la pobreza, se controló la inflación, y las instituciones democráticas se consolidaron”.
Moreno, destacó que en los últimos cincuenta años la calidad de vida ha mejorado de manera concreta: “El ingreso per cápita más que se duplicó, llegando a unos 4.500 dólares anuales. La expectativa de vida aumentó de 56 a 72 años. La tasa de mortalidad infantil se redujo de 103 por cada mil nacidos a 27. El acceso a fuentes mejoradas de agua potable se incrementó a 92% de la población, frente a un escaso 33%; y el porcentaje de niños que reciben educación primaria aumentó al 95%, una mejora sustancial respecto del 60% de hace 50 años”.
Más adelante en su discurso reconoció que “la tercera parte de nuestra población permanece atrapada en la pobreza. La desigualdad fue, y sigue siendo, una constante deplorable de la región”.
Pero no por eso existe una sensación de pesadumbre en la región. Al contrario. Latinobarómetro muestra en su estudio que en el año 1997 sólo un 41%, de los latinoamericanos se decía “feliz”. En el año 2008 la felicidad es de 66%. Si se habla de satisfacción por la vida como medida de bienestar, entonces aumenta de 65% en el año 2002, a 71%, en el año 2008.
¿No resulta paradójico que habiendo aún 190 millones de pobres en la región un porcentaje tan alto tenga motivos para ser feliz? La explicación parece estar en que en estos últimos cinco o siete años la frustración ha dado paso a mejoras en las condiciones de vida. De allí la sensación de bienestar.
La incertidumbre se presenta al tratar de pronosticar cómo reaccionará el ciudadano ante el decrecimiento de la economía en los próximos meses de transición e impacto económico.
Al respecto, Edward Jardine, presidente de Venamcham, ve este momento “como una oportunidad inmensa, y a su vez un riesgo, porque si las compañías no modifican su aproximación a lo social están corriendo el riesgo de que eventualmente se les quite su licencia de operar. Sobre todo cuando se tienen cuestionamientos muy fuertes hacia lo que es el capitalismo. Creo que es hora de recapacitar sobre cuál es el rol que tiene el sector privado en lo social”.
Tal planteamiento tiene mayor sentido cuando el país viene sufriendo desde finales de 2008 un considerable recorte en sus ingresos fiscales.
Recuerda Jardine que en el empresariado muchas veces prevalecía el concepto de que el asunto social era tarea del gobierno y que al empresario le bastaba pagar sus impuestos para cumplir sus responsabilidades en ese sentido.
El reto para lo que resta del 2009 y tal vez todo el 2010 será navegar entre en una economía restrictiva, mayores demandas sociales, y una potencial frustración ante la pérdida de estados de bienestar.
Habrá que esperar el próximo estudio de Latinobarámetro para saber la opinión del 66% de los venezolanos que veía el 2009 con esperanza.
Declinación petrolera
El economista Pedro Palma reconoce que el país cuenta con recursos relativamente importantes acumulados en el Fondem y en las reservas del Tesoro, pero “esos montos son mucho menores que los montos en los que se va a reducir el ingreso fiscal”.
La impresión más generalizada en Venezuela es que el decrecimiento de ingresos fiscales al que se enfrenta el país se debe a la reducción del precio del petróleo en el mercado internacional, lo que es parcialmente cierto pues existen otros factores que hacen más compleja la situación.
“Una de las cosas que puede hacer más difícil esta crisis es que se ha debilitado el sector privado. Por lo tanto será poca su posibilidad de respuesta. Es por eso que se espera que a lo largo del año la inflación repunte por una restricción de oferta y un incremento en los costos de producción”, explica.
Según reportes de la OPEP, Venezuela en 2007 produjo 2,392 MBD, bajando levemente el año siguiente a 2,346 MBD. En enero y febrero de 2009 produjo 2,196 MBD y 2,144 MBD, respectivamente.
La pérdida de participación de los hidrocarburos venezolanos en Estados Unidos (el primer mercado para el país) ha venido disminuyendo año a año en el último quinquenio. En 2004 promedió 1,554 MBD, en 2005 fue de 1,529 MBD, en 2006 fue de 1,419 MBD, cayendo en 2007 a 1,361 MBD y en 2008 a 1,119 MBD.
La consecuencia de todo lo anterior es una merma en los ingresos de PDVSA, y por ende la Nación. En 2008 (al 30 de septiembre) los programas sociales (Misiones sociales) recibieron 2.201 millones de dólares, 256 millones menos versus el mismo período del año anterior. Sus Misiones más emblemáticas sufrieron la mayor reducción: Barrio Adentro (-92%), Vivienda (-72%), Milagro (-36%) y Mercal (-30%).
La promesa gubernamental es la de no sacrificar el gasto social, pero más allá de las Misiones, la economía venezolana ha estado motorizada por el excesivo gasto público; y éste debe sufrir drásticos recortes.
Visión ejecutiva
¿Es posible aprovechar esta crisis para hacer un país mejor? Sonia De Paola, Directora Ejecutiva de la Asociación Venezolana de Ejecutivos no tiene duda que sí.
“Hoy en día somos más sensibles a los paradigmas y modelos de gestión en la empresa por la crisis que se presenta. Estamos hablando de reacomodo de espacios, de cómo redistribuir los recursos, ser más eficientes y trasladar los beneficios.
En ese contexto resalta la noción de responsabilidad social que cada persona tiene en el ejercicio de sus funciones dentro de una empresa, “porque lo que pasa nos afecta a nosotros, a nuestro núcleo familiar, a nuestro entorno laboral, institucional, ciudadano y más”, dice De Paola.
“Una responsabilidad que tiene la empresa con su entorno es sobrevivir y ser capaz de mantenerse para responder en primera instancia a quienes han hecho una apuesta por esa empresa, que son los accionistas; pero también con sus empleados y con todo el tejido social”.
Con optimismo, pero sin perder de vista que el mundo está pasando por una crisis global, desde la AVE se ha percibe la solidaridad como una prioridad. “Siendo realista creo que siempre hay un espacio para continuar. Cuando la situación es complicada uno se hace más sensible a la necesidad de que se abran nuevos espacios y se propongan alternativas”.
Fotografía tomada en NY el 6 de diciembre 2008 por el fotógrafo Wagner T. Cassimiro “Aranha”. Derechos de acuerdo a licencia “-by-” Creative Commons.

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