Comercio Justo es un modelo de contrato social contra la pobreza
Aug 24th, 2010 | Por Luis Francisco Indriago | Categoría: EspecialSe trata de aprovechar las alianzas entre productores y consumidores para lograr que las poblaciones rurales se desarrollen en lo social y económico a través del modelo de mercado.
Fundación Venezuela sin Límites y Digitel invitaron a Paul Rice, presidente de TransFairUSA a Venezuela para conversar con empresarios y representantes de organizaciones de desarrollo social sobre Comercio Justo. La organización que dirige es un emprendimiento social sin fines de lucro que desde Estados Unidos se dedica al desarrollo sostenible en comunidades rurales en 60 países en el mundo, especialmente en África, Asia y América Latina.
El modelo se fundamenta en aprovechar las alianzas entre productores y consumidores, de manera que las poblaciones rurales empobrecidas puedan salir de la pobreza, “no mediante la caridad, -acota Rice- sino a través del modelo de mercado”.
Su experiencia proviene del fracaso del modelo cooperativista durante la Revolución Sandinista de los años ochenta, la cual vivió Rice trabajando para el gobierno nicaragüense. “Entonces tuvimos el mercado como problema, y no como solución”, reflexiona.
El modelo cooperativista impulsado por el gobierno revolucionario nicaragüense dependía totalmente de los aportes del Estado. Los campesinos entregaban toda su producción de café, cacao, bananas y otros productos, a cambio de aportes del presupuesto oficial. Ese modelo no hizo posible la sustentabilidad de las organizaciones cooperativistas, cuenta Rice.
La vivencia del cambio
Texano de origen, mientras Rice estudiaba economía se sintió muy conmovido por el tema de la pobreza y decidió en 1983, “lleno de ideales y de idealismo”, ir a Nicaragua a incorporarse a la Revolución Sandinista.
Trabajó durante siete años como funcionario del gobierno sandinista organizando cooperativas, capacitándolas, tratando de ayudar a comunidades rurales a salir de la pobreza.
“La verdad es que fue una experiencia muy educativa y a la vez muy decepcionante porque a pesar de las buenas intenciones la gran mayoría de los proyectos fracasaron fundamentalmente porque no lograron cultivar en las comunidades y en los productores su capacidad de resolver sus problemas. Más bien fuimos creando una dependencia del Estado, una dependencia del dólar donado y desincentivamos el agro.”
En 1990 hubo un cambio. Los sandinistas entregaron el poder a la presidenta Violeta Chamorro y todo cambió. Recuerda Rice que “en ese momento los pequeños productores luchaban por su sobrevivencia porque pasaron de un paternalismo del Estado a un abandono total de un día para el otro”.
Para una cooperativa campesina que había gozado durante muchos años del subsidio del Estado, significó perder la tierra y caer en mayor pobreza.
Vino la autocritica y la búsqueda de nuevos modelos. En ese contexto Rice conoció el Comercio Justo, movimiento que ya tenía cierto desarrollo en Europa. Productores de banano, café azúcar y otros productos en América Latina estaban comenzando a vender directamente a compradores europeos.
Entonces volvió decidió tomar esa ruta para completar su objetivo de ayudar al progreso de la comunidades campesinas pobres del norte de Nicaragua. Visitó las comunidades rurales en las cuales se había ganado la confianza en su desempeño como promotor cooperativista. Su mensaje fue que en el modelo de Comercio Justo estaba el camino. “Organicémonos, busquemos cómo exportar, juntémonos, vendamos directo y vamos a ganar mucho más”.
Nadie le creía, confiesa. “Ningún pequeño productor podía verse con el sombrero de dueño del beneficio, dueño del camión, dueño de una empresa exportadora”.
Pero logró que unas 20 familias con visión y esperanza entregaran 10 sacos de café ya trillado en consignación, “porque yo no tenía real”, recuerda Rice, con los que completaron un primer contrato de exportación.
Obtuvieron en pago un dólar con 26 centavos por cada libra de café. Cada productor recibió un dólar como ganancia neta. Mientras tanto los intermediarios pagaban solamente 10 centavos. Cada productor entregó más o menos 2 mil libras. Lo que significó 2 mil dólares para cada familia. En cambio, el vecino que dependía del intermediario recibía 200 dólares solamente.
Ese fue el comienzo. El segundo año fueron 400 productores, el tercero más de mil; el cuarto, que fue el último en el que Rice fue el gerente general de la cooperativa, fueron 3 mil familias campesinas afiliadas, quienes beneficiaban, transportaban y exportaban su propio café.
Entonces fueron cerca de 20 mil personas beneficiadas en toda la zona norte de Nicaragua. Constituyeron fondos de préstamo para los asociados a la cooperativa, programas de capacitación técnica, diversificación de cultivos y mejoramiento de la calidad de los productos, de desarrollo para la mujer, construyeron infraestructura para sacar agua de pozos y traerla a sus casas. “Allá la secundaria era un lujo, pero se formaron programas de becas para enviar a sus hijos a la secundaria”.
Fue todo un proceso de desarrollo social, comunitario, ambiental a nivel de la comunidad. “Sin un dólar regalado. Sin un funcionario del Estado para decir cómo hacerlo. Ya no como una comunidad marginada de las oportunidades globales, sino como una comunidad empoderada y capaz de competir en la economía global.”
La sustentabilidad del modelo no está en duda. Hoy día, después de dos décadas, esa cooperativa nicaragüense todavía existe. Exporta alrededor de 10 millones de dólares en café bananos y cítricos cada año.
Así nació la experiencia de Comercio Justo de Paul Rice. Experiencia que le cambió la forma de ver las cosas. Después de casi 12 años decidió volver a Estados Unidos en 1994 para fundar cuatro años después TransFairUSA, la cual dirige en la actualidad.
“Hoy las empresas están buscando más como fusionar los conceptos de sustentabilidad y rentabilidad. Se trata de inventar nuevos modelos para lograrlo”. Convencido Paul Rice afirma que “el reto no es producir más, sino vender mejor lo que se produce”.
Afirma Rice que el potencial del modelo es muy grande y confía en su crecimiento. Apela a sus cuentas para mostrar que dentro del concepto de Comercio Justo el año 2009 se comercializaron 4 mil millones de dólares en el mundo, aproximadamente 30 por ciento de ellos en Estados Unidos.
El próximo paso es incorporar a productores venezolanos en este modelo. Café, azúcar, bananos (plátanos); todo es posible, inclusive ron, como es el caso de su más reciente experiencia: Exportar a Estados Unidos Vodka boliviana fabricada a partir de un cereal llamado Quinoa.
No importa si son pequeños productores, cooperativistas o grandes empresarios. El modelo de comercio justo los incluye a todos.
Escrito para “RSE: Empresas que generan confianza”, Año 2, N° 5. Suplemento del Diario de Los Andres (Táchira, Mérida y Trujillo, Venezuela). Publicado el 6 de agosto de 2010.


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